Sentí que yo pude salir. Dejé esas rejas y salí

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¿Qué ves en la máscara?

Mi pasado, por eso los ojos negros de la máscara, mi pasado.

Ese pasado reflejaba lo que viví desde mi infancia, lo que he luchado a salir adelante como niña, como mujer, como esposa, como madre, con errores, siempre logrando metas y venciendo obstáculos. Entre eso, la presión en Estados Unidos. Siempre demuestro ser fuerte, pero hay algo por dentro que es muy, muy, muy débil y que a toda hora mantengo una máscara para que nadie se dé cuenta, nadie me juzgue, nadie lo note. Esa es mi máscara.

Es la que llevo dentro porque, empezando, sí es la que llevo dentro, que está en mis ojos, es la que llevo dentro. Ahí, es negra mi interior, pero de ahí hacia afuera, esa es la máscara.

Expectativas en España

Son tantas cosas que yo tendría que decir que yo creo que nosotros a veces vemos las cosas diferentes. Los migrantes vemos que nos vamos del país. Creyendo en un mejor futuro. A cambiar vida por plata. Porque en otro país es la moneda. Del resto es todo igual. Todo igual. Que gracias a Dios aquí en España la gente después de que salí de esa casa la gente lo tratan a uno bien. No lo discriminan a uno tanto como en Estados Unidos.

Que en Estados Unidos hay mucha discriminación. Pero creo que nosotros no deberíamos migrar. Debíamos luchar en nuestro país. Así como buscamos ayuda aquí. Yo dije, así como busqué ayuda aquí. Con ustedes, hombre. ¿Por qué no me busqué una ayuda de esas en Colombia? Que las deben haber. Que no sé dónde. No las había oído. Nunca supe de esas ayudas. Yo supe de ayudas. Ya venía a saber de qué había ONG. Que había sitios que me colaboraban a unos en Estados Unidos. Que me pude comunicar también por teléfono. Y me enviaban libros. Me enviaban para colorear. Para hacer actividades. Porque el encierro es terrible. La gente, muchas muchachas, señoras, entraban en depresión. Y ya eran así. Como sonámbulas. Y eso. Y yo como no me quedo quieta, entonces me puse a trabajar allá lavándole los baños. Me pagaban un euro. Un dólar, perdón. Lavaba los baños. Entré a trabajar. Me revisaron mi currículo de Colombia. Mis antecedentes en Colombia. En Chile, que vi siete años trabajando. Me lo revisaron todo. Entonces me dieron la oportunidad de hacer aseo en las oficinas de migración. De los SAIS. De inteligencia. Yo era la que hacía el aseo. Ahí me pagaban tres euros. Me dieron un diploma por comportamiento. Yo les dije que yo no necesitaba ese diploma. Necesitaba mi libertad.

Que así no me dejaran en Estados Unidos donde me dieran mi libertad. Entonces yo digo que nosotros cometemos esos errores a veces. Emigrar a otro país por dinero. A Estados Unidos no fui por dinero. A Estados Unidos fui por mis hijos y mi nieta. Allá no fui por dinero. Allá iba por ellos. No me dejaron. Me castigaron por haberme pasado ilegal. Pero yo solicité mi visa. Me la negaron. Porque yo en ningún momento quise hacer las cosas así. A mí siempre me ha gustado hacer mis cosas correctas. Me la negaron. Por eso hice eso. Y por eso me vine acá. Porque quedé endeudada en Colombia. Porque yo fui dos veces que me pasé para Estados Unidos. Que endeudada en Colombia. Dije me voy a España a trabajar. Ahorro mi dinero. Pero a pesar de lo que me sucedió cuando llegué yo estoy muy feliz acá. Vivo tranquila. Veo un policía y no me escondo. No me da miedo. Salgo camino sola en las calles. No le temo a nadie. Ninguno me voltea a ver mal como los gringos allá. Que le toca a uno no voltearlos a ver para que no se den cuenta que no es latino. La paz que se siente aquí. Y aquí estoy contenta.

Salí de la prisión de Estados Unidos, llegué a Colombia donde tengo que huir. Me vine a España porque España tiene otra imagen de que todo es más tranquilo y todo eso, pero de casualidad llegué a un sitio donde me veían, como me explico. A la vez me sentía como prisionera de nuevo porque yo no podía salir corriendo e irme, ¿cierto? Pero no tenía donde irme porque no soy de acá, no tengo familia, miedo de después ya que se pasarán los tres meses y pues quedo ilegal en España.

Trabajos como empleada de hogar

Donde estuve trabajando en Córdoba, me tenían como una esclava ahí encerrada, haciendo como miles de trabajos porque fuera que cuidaba al señor, tenía que hacer los oficios de la casa, prepararle los alimentos, lavarle la ropa como a siete, y tener todo listo a las once de la mañana que me recogían para ese restaurante donde me tenían a veces hasta las siete de la noche de lunes a sábado. El domingo era mi día libre, pero me lo pagaban en cuarenta euros para que yo me fuera para allá desde las diez de la mañana hasta las siete, ocho de la noche.

Duro si me tocaba porque era en la cocina, lavando los baños del público, limpiando un salón inmenso, haciéndole aseo al salón que no me correspondía, sino eso era de los meseros, de los camareros, y pues me mandaban a mí, te damos un café y va y nos lavas los baños. Pues sí, me lavaba los baños. Hacía el aseo del salón, pelaba cuatro bultos de papa al día, los picaba, les hacía aseo en esa cocina, lavaba los platos todos los días.

Yo pensaba, en el momento, pensaba llegar a hacer lo que estoy haciendo en este instante. Eso pensaba, en este instante. Yo pensé llegar allá, cuidar al señor y ya atenderlo a él y todo. No me imaginé que me tocara organizarles los cuartos a las nietas del señor, a la hija, lavarle la ropa, desde la ropa interior, todo. Una casa inmensa, porque eso es en una parcela, limpiar por fuera, lavar las rejas, los vidrios.

Ese trabajo era muchísimo, fue muchísimo.

Yo sentí que yo pude salir. Dejé esas rejas y salí. Los punticos esos que hay en la máscara, esas fueron las rejas que yo salí. Dije, si pude en Estados Unidos salir de allá, que no haya cometido ningún delito. Y sí me condenaron como seis, siete meses. Dije, ¿por qué no voy a poder acá? Sin embargo, pedí ayuda a un grupo. Me puse por el WhatsApp a buscar grupos colombianos. Por Facebook. Y ahí apareció un grupo colombiano. Alguien me escribió desde MZC. Me dijeron, llame ahí, que ahí te ayudan. Ahí te ayudan. Yo no pedí ayuda de que me dieran comida, dinero, no. Yo pedí ayudas que me dijeran qué hacer. O sea, cómo me podía defender acá. Que no me perjudicara, sí, porque lo que me daba miedo era ir de pronto a las autoridades y decir lo que me estaba sucediendo. Y claro, aunque todavía no estaba ilegal. Todavía no llevaba los tres meses. Pero pues si yo estaba de turista, ya no podía trabajar. Que de pronto me deportaron. Y para mí la palabra deportación es terror. Y pues fue cuando fueron a visitarme. Me tocó decir que iba a botar la basura para poder salir a hablar con ellas. Y me ofrecieron ayuda de que podía ir a un sitio donde me podían tener mientras conseguía un empleo y todo eso. Pero sin embargo en el grupo por WhatsApp ya me estaban ayudando a buscar empleo. Y fue cuando conseguí este. Y me vine para acá y aquí estoy. Y muy bien.

Ahora cuido a (censura del nombre de la persona que cuida) que está enferma. Y me hace tener muchas rabias. Pero igual ya la quiero mucho. Que eso es lo otro. Que me está perjudicando. Porque me encariñé con ella. Parecía un niño. Y resulto consintiéndola y de todo. Entonces cómo va a ser cuando me vaya. Ahí está.

Es una parte de esa máscara también. Esa máscara es eso de ahí para acá. Soy la que se aguanta, la que le da pesar de que la abuela llore y grite y suplique por esos hijos para que vengan a visitarla. Todo eso me afecta.

Pero la que soy yo por dentro. Quién soy. Lo que soy por dentro, por dentro. No. No lo saqué la máscara. No lo saqué.