¿Qué estás viendo en esa máscara?
A mí.
Veo a una persona que ha sufrido mucho, sí, que ha sufrido mucho, pero a pesar de todo, siempre he querido echar para adelante y ayudar a los míos, y siempre trato de ponerle color a la vida.
¿Qué momento de tu vida está reflejando esa máscara?
Ahora. Sí, sí. El dolor, siempre, desde niña. He tenido momentos difíciles desde niña. Fíjate que he emigrado ya muchos años a muchos países, y no porque quiero, sino porque me ha tocado por la situación de mi país. Sentía una luchadora, me sentía una persona luchadora, pero con un gran vacío. Que al final del día he luchado, he hecho cosas, pero he perdido también otras cosas. Entonces me sentía yo como… Realizaba algunas cosas, pero las otras no. No sé qué decirte.
Expectativa
Yo primero emigré, bueno, yo anteriormente vine a Ecuador. De Ecuador me vine para acá, y siempre me imaginé España. Desde que era niña, desde pequeña, siempre se me conocían estos países, Francia, España, y para mí fue un sueño cuando llegué acá.
Fue un sueño, pero fue un sueño como… fue una alegría, pero no completa, porque dejé a mi familia, a mi hija, al esposo mío, que es el papá de mi hija, que duré años con él. Y pues nada, ahora que tuve mis papeles, fui a buscar a mi hija y a mi esposo, y cuando llegué me encontré con que él ya estaba viviendo con una pareja y no quería nada conmigo.
Pues tomé a mi hija y me volví a España porque me encanta España.
La verdad es que España me dio más de lo que yo esperaba, mucho más. España me trató muy bien, amo su gente, su cultura, lo veo muy respetuoso, muy amable. No me esperaba tanto de España.
Me siento orgullosa de lo que estoy haciendo y de lo que he logrado poco a poco. Me siento orgullosa de mí misma porque sin apoyo de nadie he salido adelante, pero el vacío es algo que… Son cosas que vengo arrastrando desde mi infancia, como la pérdida de dos hermanos míos violentamente. La pérdida del esposo mío que se ha ido con otra porque yo estaba buscando una mejor vida. Fui maltratada desde niña. No tuve la oportunidad de estudiar por cuidar a mis hermanos. Y son cosas que sí, quizás me puedan ayudar psicológicamente.
Prostitución
Yo… ese tema… No sé, es que hay mujeres que lo hacen de verdad realmente por necesidad. Porque yo lo hice un tiempo por necesidad. No me sentí bien ahí. Sentía que no era para mí. Respeto al que lo haga. Y siento que no es fácil, no es fácil. Es rápido, es un dinero muy rápido, pero no es un dinero fácil. No es fácil ganar dinero de esa manera. Pero sí, por el tiempo, el poco tiempo que duré ahí, sí vi que hay mujeres que no tienen necesidad de hacer dinero. Pero se acostumbraron a la vida fácil. Se acostumbraron a vivir bien, se acostumbraron a hacer dinero rápido. Se acostumbraron a esa vida, a no trabajar. Si no está acostada todo el día, llegó alguien, le pagué y ya. Siento que se acostumbraron mucho a eso. Son muy pocas las que tienen necesidad de hacerlo. Porque hay otras opciones.
¿Y tú lo consideras una violencia?
¿Violencia? No, yo pienso que no. Mientras no seamos obligadas, pienso que no, son decisiones propias. Porque conozco muchas amigas que trabajan de eso, y trabajan para comprarse un carro. Trabajan para tener un paseo mejor. Trabajan para viajar. Trabajan porque les gusta vestirse de marca. Entonces, ya eso no viene siendo necesidad, ya lo estás haciendo por placer. Entonces, me he dado cuenta que en su mayoría lo hacen por eso.
Y el tema del trabajo, entonces, una vez que entran, se encuentran con que quizá en un mes o en un año se hicieron 30.000 euros en un año. Entonces, pueden trabajar otra cosa. Porque están sanas, están activas para trabajar otra cosa, pero no. Se acostumbraron a esos 30.000 euros, a la que más pasa. Entonces, pienso que la mayoría no. Por eso no lo veo como violencia. Lo veo como decisión propia de muchas, de muchas.
¿Te has sentido explotada laboralmente?
Sí. Aquí mismo, trabajé con una gitana de… La cuidé mucho tiempo y ella falleció. Y era una abusadora. Yo lloraba, yo lloraba todos los días porque yo necesitaba el dinero. Y me dijo que me iba a dar un día libre. Después que entré, que no me podía dar día libre. Me dejaba salir los domingos seis horas. Me trataba malísimo. Si yo estaba sentada, y llegaba el hijo de ella y me decía, levántate para que él se siente. Que los hijos se daban cuenta. Y le decía, no mamá, tú no puedes hacer eso. Y después, me quería pagar menos. Me quería pagar 600, me pagaba 800. Me quería bajar porque se iba más en comida.
Estaba en una casa de interna y, obviamente si tú antes gastabas 100 para ti en una semana, ahora vas a gastar 200 porque somos dos. O sea, es algo lógico. Y me dijo, sí, bueno, pero te voy a bajar el sueldo. Y ahí decidí renunciar, pero sí, me explotaba. Sí me explotaba y lo veo un abuso. Y muchas personas nos callamos porque necesitamos el trabajo. Y más cuando somos inmigrantes. Por lo menos en mi caso que llegué no tenía ningún familiar acá.
No tenía a nadie. Y yo decía, si no trabajo aquí, ¿qué voy a hacer? ¿No voy a pagar bien? La vida es cara, tengo que mandar a mi mamá para que cuide a mi papá. Y muchas veces nos callamos que nos traten mal en un trabajo. O nos exploten. Claro, no son todos. Hay jefes que son muy buenos. Tuve otro trabajo acá en el Talmeján. Sí, yo he trabajado en Subarachival, en Granada. Y ellos eran muy, muy buena gente. Muy buena gente. Y otros migrantes también. Eran de Palestina uno y el otro no recuerdo dónde era. O sea, sí, pero no me acuerdo el país. Era el esposo de ella y nos trataba muy bien. Nos trataba muy bien a todos sus empleados con respeto.
Cuando emigré mi hija quedó con un vacío grande. Ella quedó con un dolor también. Yo también, porque yo no pude traer a toda mi familia porque no tenía económicamente el dinero. Mamá te extraño, aguanta en España, no te vengas. Yo me quedé ahí. No te vengas, piensa en tu futuro, piensa en el mío. Y no, le afectó mucho y apenas tuve mi papel y la fue a buscar. Y conmigo se siente mejor que con el papá porque el papá es de la mala vida. Es una persona que vende drogas, es mujeriego, no le prestaba atención. Más sin embargo nunca la maltrató físicamente, ni la dejó pasar hambre ni nada. O sea, la quiere, pero está en su momento. Entonces ahora la traje y me dice que quiere irse.
Esta historia de vida pertenece a una de las máscaras que forman parte de la exposición «Expectativas VS Realidad».
Queda prohibida la reproducción total o parcial de este contenido en cualquier medio y formato.

