Más diálogo, menos miedo. Detecta, cuestiona, actúa.

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Llegamos al final de nuestro recorrido, con estas pequeñas pinceladas formativas, durante #GameOverALasViolenciasDigitales hemos hablado de la huella que dejamos cuando navegamos, del acoso que puede perseguirnos entre diferentes plataformas, del machismo en los videojuegos, de la viralización de contenidos violentos y de las nuevas estrategias de captación y explotación que utilizan los entornos digitales. Pero una campaña de prevención no debería terminar enumerando peligros, debe terminar aumentando nuestra capacidad para tomar decisiones.

Porque Internet también es conocimiento, amistad, creatividad, juego, movilización feminista, participación social, aprendizaje y comunidad. No queremos salir de Internet, queremos poder habitarlo con más herramientas.

Detecta. Cuestiona. Actúa.

La campaña forma parte del proyecto “Ludopedagogía, gamificación y artivismo para aumentar la sensibilización sobre las nuevas formas de violencias sexuales, explotación y trata en contextos prioritariamente masculinizados, jóvenes y adolescentes”, desarrollado por Mujeres en Zona de Conflicto (MZC) y financiado por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, en el marco de la convocatoria estatal de subvenciones para actividades de interés general consideradas de interés social correspondiente a 2025, vinculada a la asignación tributaria del 0,7% del IRPF y del Impuesto sobre Sociedades.

DETECTA: activa tu modo prevención

Prevenir comienza por aprender a reconocer señales. No todas las situaciones incómodas en Internet son violencia, ni cada persona desconocida constituye una amenaza., pero existen comportamientos ante los que merece la pena prestar atención:

Alguien que insiste cuando ya hemos dicho que no, una persona que pide continuamente información personal, un perfil que intenta averiguar nuestra ubicación, una pareja que exige contraseñas como prueba de confianza, una persona desconocida que ofrece grandes cantidades de dinero rápidamente, un contacto que nos pide fotografías íntimas y después aumenta sus exigencias o una amenaza con publicar contenido si no hacemos algo.

También podemos aplicar el modo prevención a nuestra propia información:

  • Revisar periódicamente la privacidad de nuestras cuentas
  • Saber quién puede ver nuestras publicaciones, comprobar los permisos de ubicación
  • Limitar qué información compartimos reduce nuestra exposición innecesaria.

Trabajar la privacidad, controlar contactos, revisar permisos de las aplicaciones y aprender a identificar perfiles sospechosos como parte de una utilización más segura de Internet.

Detectar no es vivir con miedo, es saber reconocer cuándo algo deja de parecernos bien.

CUESTIONA: que el algoritmo no piense por ti

La segunda habilidad es el pensamiento crítico. Cuando vemos un contenido podemos preguntarnos: ¿por qué me está apareciendo?, ¿quién lo ha creado?, ¿qué quiere conseguir?, ¿está intentando informarme, venderme algo o provocar una reacción?, ¿quién aparece representado y quién no?, ¿cómo se habla de las mujeres?, ¿qué modelos de masculinidad aparecen?, ¿se está utilizando el cuerpo de otra persona como entretenimiento?

Cuestionar también significa analizar los mensajes que repetimos: cuando alguien dice “eso siempre se ha hecho”, “es una broma”, “es solo un videojuego” o “si no quieres que se comparta no lo mandes”, podemos detenernos y pensar qué responsabilidad estamos colocando sobre la persona que recibe la violencia.

El pensamiento crítico también consiste en identificar las desigualdades de poder que atraviesan los espacios digitales: quién puede hablar sin ser acosado, quién tiene que ocultar su identidad, a quién se sexualiza, quién obtiene beneficio económico, quién consume cada contenido, quién puede marcharse libremente y quién está poniendo los límites.

ACTÚA: tienes más herramientas de las que parece

Aprender a detectar una violencia sirve de poco si después creemos que no podemos hacer nada, podemos actuar. Podemos bloquear y reportar a una persona que nos está acosando, podemos dejar de compartir un vídeo que humilla a alguien, podemos apoyar a una compañera que está recibiendo comentarios machistas, podemos decirle a un amigo que una broma ha cruzado un límite y podemos guardar evidencias si necesitamos denunciar una situación, ya que se pueden conservar capturas de pantalla cuando se producen mensajes, publicaciones o contenidos que puedan servir posteriormente como prueba.

Y si encontramos en Internet fotografías, vídeos o audios de contenido sexual o violento difundidos sin consentimiento y cuya publicación pone en grave riesgo a la persona afectada, existe además el Canal Prioritario de la Agencia Española de Protección de Datos, que permite solicitar su retirada urgente. No es necesario ser siempre la persona directamente afectada para comunicar determinados contenidos.

Actuar también significa:

– Pedir ayuda cuando una situación nos supera.

– Hablar con alguien de confianza.

– Acudir a profesionales.

– Contactar con organizaciones especializadas o, cuando estamos ante un posible delito, acudir a los recursos y autoridades correspondientes.

Pedir ayuda no significa haber perdido el control, ya que puede ser precisamente la manera de recuperarlo.

Más diálogo, menos miedo

Cuando hablamos de adolescentes y tecnología, muchas veces la respuesta adulta comienza con una prohibición: “no hables con desconocidos”, “no subas fotos”, “no juegues tantas horas”, “no tengas esa aplicación”,  entre otras, pero si solo transmitimos miedo, existe el riesgo de que cuando ocurra algo difícil una persona joven piense que no puede contarlo porque la primera respuesta será: “te lo dije”. La prevención necesita espacios seguros de diálogo.

Necesitamos poder hablar de sexualidad, consentimiento, relaciones, pornografía, videojuegos, redes sociales, captación, masculinidad, deseo y límites sin convertir cada conversación en un interrogatorio. Más diálogo significa poder contar algo incluso cuando hemos cometido un error, incluso si enviamos una fotografía, incluso si confiamos en alguien que no debíamos o incluso si aceptamos inicialmente algo y después cambiamos de opinión.

Porque el consentimiento puede retirarse. Y porque haber confiado en alguien nunca convierte en responsable a quien posteriormente sufre una violencia.

Nuestro verdadero Game Over

A lo largo de esta campaña hemos utilizado el lenguaje del juego porque creemos en algo sencillo: también podemos aprender jugando.

La ludopedagogía y la gamificación son precisamente las metodologías centrales del proyecto. Además, en breves se publicarán nuestras herramientas educativas en formatos físicos y digitales y continuará trabajando en CyberMemory como videojuego educativo, acercando la prevención de las violencias sexuales digitales, la explotación y la trata a formatos próximos a adolescentes y jóvenes.

Porque no queremos un Game Over para Internet. Queremos un Game Over a las violencias digitales.

Y para conseguirlo necesitamos algo más que tecnología, necesitamos educación, pensamiento crítico, corresponsabilidad, feminismo y comunidad.

Detecta. Cuestiona. Actúa.

Lo que pasa online es real. Más diálogo, menos miedo.

Juega. Aprende. Transforma.

#GameOverALasViolenciasDigitales