Me vine con una cadenita de oro

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¿Qué ves en la máscara?

A mí.  Me veo así.

Triste. Sí. Sí. A mí me veo así. Llevo mucho tiempo así.

Refleja que no quiero ni hablar porque lloro. Refleja que yo mandé a mi hija para acá. Entonces, como al año de ella estar acá, vine yo con su niño. Y no sé qué ha pasado con ella, pero no puedo hablar.

Estaba como llorando. Y entonces como empecé a contarte, me salieron las lágrimas. Y no quería hablar más sobre la máscara. La máscara es lo que yo tengo. El dolor de mi hija. Es como la decepción de un maltrato de un hijo. Que ni siquiera me duele el maltrato de una persona que no conozco, porque me duele más de ella. No sé por qué

Expectativas en España

A mí me decían que acá, hay muchas mujeres de allá que se han venido acá y han comprado su casita allá y eso. Entonces, todo el mundo pinta como muy bueno acá. El cuidado de abuelos, el cuidado de una abuelita. Pero nunca dicen que sin papeles no se puede. Y fuera de eso, cuando están acá empiezan a tomarse fotos con la botella, con la comida, con los buenos vestidos. Vestidos que uno nunca ha tenido allá. Entonces, voy para allá también.

Entonces, se formó una protesta allá, una matanza de gente que estaban matando a todos los jóvenes. Por protestas, por trabajo, porque en pandemia no ayudaron a nadie, sino que toda la gente era encerrada aguantando hambre. El que salía a robar lo mataban. Entonces yo he mandado a mi hija para acá, para que no tenga que pasar eso junto con la otra hija que tengo allá. Vaya a España de pronto, allá está mejor que acá. Y la mandé para acá. Y ella estuvo acá como, no sé, un año. Al año me dijo que le llevara el niño, que le trajera el niño. Y yo me vine. Me fui a encontrar trabajo. Entonces allá las mujeres trabajamos sacando oro del río Cauca. Tenía yo una cadenita. Me vine con una cadenita de oro. Cuando yo llegué acá, ella no tenía dónde vivir, no tenía habitación, no tenía nada. Me tocó quitarme eso. Y empeñarlo. Y después de empeñarlo, salir a buscar trabajo.

En ese momento que yo vengo aquí, que no hay nada. Entonces yo tengo que zafarme de lo que tengo y salir a buscar para el otro mes. Y para sacar eso que empeñé. Y para seguir viviendo con el niño. Y ella en una habitación. Desde allí. Desde allí vengo yo. Ya.

Prostituida

Sí, todo está reflejado en la máscara. Porque cuando yo no trabajaba, mi hija me mandaba. Ella me buscaba las casas. Y me decía: «mamá, váyase. Y aquí hay esto, ya la están esperando».

Váyase. Venía yo con la platita así de pasar un mes encerrada en ese trabajo. Y le decía, váyase para el otro lado, que yo la estaba esperando. Otra vez, otro mes. Y se terminaba eso otra vez, para otra parte.

Entonces un día le dije: «un mes trabaja usted, otro mes trabajo yo», para yo descansar. Bueno, el mes que trabajaba yo, le ayudaba. Y el mes que no trabajaba, también tenía que pasar la renta, porque la mamita (madame) andaba por allá. Así. Y así me ha tocado desde que llegué. Y es curioso, porque cuando me ha dicho lo de la máscara, no quiero esa máscara ahora.

Me da vergüenza ese trabajo. Ese trabajo no es de levantar la frente. No quiero ese trabajo.