Cada fotografía que publicamos, cada comentario, cada búsqueda, cada cuenta que abrimos y cada espacio digital en el que participamos va dejando información sobre quiénes somos, qué nos interesa y cómo nos relacionamos. A ese rastro lo llamamos huella digital.
Hoy iniciamos #GameOverALasViolenciasDigitales, una campaña creada para acercarnos a los entornos digitales desde una mirada crítica, feminista y preventiva. La campaña se desarrolla dentro del proyecto “Ludopedagogía, gamificación y artivismo para aumentar la sensibilización sobre las nuevas formas de violencias sexuales, explotación y trata en contextos prioritariamente masculinizados, jóvenes y adolescentes”, cuyo objetivo es aumentar la sensibilización y las herramientas para prevenir y detectar estas violencias entre adolescentes y jóvenes. El proyecto está financiado por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, dentro de la convocatoria estatal de subvenciones para actividades de interés general consideradas de interés social de 2025, financiadas a través de las asignaciones tributarias del 0,7 % del IRPF y del Impuesto sobre Sociedades.

¿Qué dejamos detrás cuando navegamos por la red?
La huella digital incluye la información que compartimos conscientemente: una fotografía en Instagram, un comentario, una reacción, un vídeo, una publicación en un foro o los datos que introducimos para registrarnos en un videojuego. Pero también existe información que generamos simplemente al utilizar los servicios digitales: datos sobre nuestros dispositivos, nuestra navegación o nuestra interacción con determinadas páginas y aplicaciones. Precisamente por eso, la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) habla de nuestra identidad digital como el rastro que vamos dejando como resultado de nuestra navegación.
Esto no significa que todo lo que hacemos en Internet quede inevitablemente “grabado para siempre”, pero sí que una vez que compartimos determinada información podemos perder parte del control sobre ella. Una fotografía puede descargarse, una captura de pantalla puede conservarse o una publicación puede difundirse fuera del contexto en el que inicialmente la compartimos. La propia AEPD advierte de que borrar algo de nuestro perfil no garantiza que otras personas no lo hayan copiado o difundido previamente.
Por eso, cuidar nuestra huella digital no consiste en desaparecer de Internet. Consiste en decidir con mayor conciencia qué compartimos, con quién y para qué.
La información que vamos dejando contribuye a formar nuestra identidad. Lo que otras personas encuentran sobre nosotros/as en Internet puede estar formado por contenidos que hemos publicado, pero también por fotografías en las que alguien nos ha etiquetado, comentarios de terceras personas o información antigua que continúa circulando.
INCIBE, EL Instituto Nacional de Ciberseguridad, recuerda que este rastro puede tener consecuencias sobre nuestra privacidad y exponernos a riesgos como la suplantación de identidad, la vigilancia, la extorsión o el doxing, es decir, la publicación o utilización maliciosa de información personal para localizar, intimidar o perjudicar a una persona.
Pero, ¿todas las personas afrontamos de la misma manera las consecuencias de esa exposición? La respuesta es no.
Las violencias digitales afectan especialmente a mujeres y niñas y reproducen desigualdades que ya existen fuera de Internet. El estudio “Violencia contra mujeres, niñas, niños y adolescentes en el ámbito digital”, publicado en 2025 por el Ministerio de Igualdad, señala precisamente que la violencia online tiene una especial incidencia sobre mujeres y niñas y que reproduce roles de género y estructuras patriarcales. Los datos más recientes en España también muestran esa dimensión generacional. La Macroencuesta de Violencia contra la Mujer señala que el 12,2% de las mujeres de 16 o más años ha experimentado alguna forma de acoso digital a lo largo de su vida. Esta prevalencia aumenta considerablemente entre las más jóvenes: alcanza el 33,2% entre las mujeres de edades comprendidas entre los 16 y los 24 años; y el 30,6% entre las de 25 a 34.
Privacidad no significa miedo
Hablar de huella digital no pretende transmitir la idea de que Internet es un lugar del que debemos protegernos constantemente. Internet es también comunicación, creatividad, ocio, participación, aprendizaje y comunidad, nuestro objetivo no es generar miedo, sino aumentar nuestra capacidad para decidir.
Podemos revisar quién tiene acceso a nuestros perfiles, comprobar qué aplicaciones tienen permiso para utilizar nuestra ubicación, limitar quién puede etiquetarnos, revisar contactos que ya no conocemos o buscar periódicamente nuestro propio nombre para saber qué información sobre nosotros/as aparece públicamente. Entidades especializadas recomiendan precisamente revisar las configuraciones de privacidad y seguridad de las plataformas y pensar conscientemente qué información queremos hacer pública.
Y también debemos recordar algo fundamental: haber compartido una fotografía, un vídeo o información personal nunca legitima que otra persona la utilice para ejercer violencia.
La responsabilidad de un acoso, una amenaza o una difusión no consentida corresponde a quien ejerce esa violencia, no a quien confió, publicó una fotografía o decidió participar en un espacio digital.
Conoce tu huella. Cuida tu privacidad. Decide qué quieres compartir.
Juega. Aprende. Transforma.
#GameOverALasViolenciasDigitales